viernes, 17 de noviembre de 2017

128° Aniversario del Observatorio Naval Buenos Aires.

14/08/09 | Hace miles de años el hombre no tenía la noción de tiempo astronómico, para él estaba representado por el simple paso de la luz a la oscuridad y pudo así establecer la idea del día y la noche; del Sol a la Luna que periódicamente que comienza a mostrarse tímidamente como una frágil media luna, para después desplegar su disco luminoso y volver a desaparecer, esto le formó un concepto más complejo, el del mes; el paso del frío al calor acompañado por el cambio en la coloración de la vegetación, y por la abundancia y escasez de alimentos, lo ayudó a elaborar la noción de las estaciones del año.
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Al observar el Sol se dio cuenta que su posición en el cielo no era siempre la misma y que los árboles y picos de montañas variaban su sombra en el transcurso del día, así pudo dividir al día en períodos más cortos: mañana y tarde.

Aprovechando el recurso natural de la sombra el hombre comenzó por plantar palos en posición vertical más tarde construyó obeliscos de piedra. Utilizando técnicas más avanzadas se llega al gnomón, utilizado por los egipcios, que consistía en una caña recta dispuesta sobre un plano horizontal, se lo colocaba de este a oeste en un lugar abierto y cuando recibía la luz del sol proyectaba una sombra sobre el plano horizontal, en el cual se dibujaba una escala con seis marcas que con el movimiento aparente del sol determinaba seis espacios de tiempo de igual duración comprendidos entre la salida y el mediodía, en ese mismo momento se procedía a invertir la posición del gnomón, de oeste a este, y así se señalaba las horas de la tardes. Por supuesto que las sombras variaban de longitud y dirección de acuerdo a la época del año. Con él determinaron el mediodía verdadero (cuando el Sol proyectaba su sombra mínima), los puntos cardinales, los Solsticios ( cuando el sol está más distante del ecuador) y los Equinoccios (cuando el sol está en el ecuador).

Los hindúes construyeron algo similar unos siglos antes de Cristo, el bastón octogonal. Estos instrumentos fueron los antecesores del cuadrante solar, que apareció en el siglo VIII A.C. en Egipto y luego utilizado por los griegos y romanos hasta bien avanzado el siglo XVIII. Consiste en una varilla cuya posición es paralela al eje polar de la tierra y su sombra proyectada en una escala graduada indica la hora. Pero la exactitud del cuadrante se veía condicionada por la latitud.

Hasta este momento todos los instrumentos para medir el tiempo necesitaban de la presencia del Sol. Pero ¿qué pasaba a la noche? Aparecen entonces las clepsidras, que constaban de una vasija llena con agua y un orificio calibrado en la parte inferior para que ésta fluyera gota por gota a otro recipiente en cuyo interior había marcas que indicaban las horas. Los persas y los árabes las construyeron de madera y bronce con cuadrante y aguja acoplada a una rueda dentada accionada por una cadena. En un extremo llevaba una pesa y en el otro un flotante introducido en el cilindro lleno de agua. Al desagotarse gota a gota, la aguja marcaba las horas. Pero lo más exacto fueron lámparas de aceite que indicaban el nivel del combustible restante y así determinaban el tiempo transcurrido y el que faltaba para el amanecer. Otro método para las noches fueron las velas graduadas.

El reloj de arena acompañó a la clepsidra, los griegos lo utilizaron en las asambleas para limitar el tiempo de sus oradores, y los marinos ingleses lo usaron hasta el siglo XVIII.

En la Edad Media aparecen los relojes mecánicos accionados por una pesa de 250 kilogramos, que una vez por día se elevaba varios metros para que continuara funcionando. Atrasaba o adelantaba hasta dos horas por día y tenía solamente una aguja.

Pero, ¡qué bueno sería llevar siempre la hora con uno mismo! Por eso en 1571 un relojero fabricó para la reina Isabel I una pulsera que contenía un reloj. A principios del siglo XVI apareció el reloj de bolsillo, en el cual el sistema de pesas fue sustituido por un resorte a cuerda. Los primeros de “bolsillo” fueron de hierro y en forma de huevo, estrellas, corazones, libros mariposas, etc., con incrustaciones de piedras preciosas que sus dueños llevaban colgados del cuello.

En 1581 Galileo descubre las propiedades del péndulo y las aplicó en la construcción de relojes, pero recién en el siglo XVIII los relojes de péndulo alcanzaron su época de oro.

Los relojes eléctricos aparecen en el siglo XIX, pero se imponen en el XX.

Pero ¿qué pasaba más allá de Europa? A fines del siglo XIX (16 de agosto de 1881) se creaba en Buenos Aires el Observatorio Naval Buenos Aires, cuya tarea consistía en indicar el tiempo astronómico de Buenos Aires, a hora fija, a los buques que se encontraban en la rada del puerto, de modo que pudieran arreglar sus cronómetros sin moverlos. Al mismo tiempo se preparaba para observar el pasaje de Venus por Buenos Aires.

Desde ese entonces y hasta nuestros días la medición del tiempo fue progresando, la cuerda automática, el reloj pulsera automático, y el descubrimiento del siglo los cristales de cuarzo que permiten la construcción de circuitos osciladores donde la frecuencia de las oscilaciones se mantiene constante.

En la segunda mitad del siglo XX se descubre que las propiedades del cesio posee características más estables y precisas que el cuarzo, lo que da origen a los relojes atómicos de cesio, que tienen un error de un segundo en 3000 años.

El Observatorio Naval Buenos Aires fue modernizándose y en la actualidad cuenta con dos relojes atómicos de cesio que están sincronizados (a través de satélites de comunicación) para determinar el Tiempo Universal Coordinado, regulado por el Bureau Internacional de Pesas y Medidas (BIPM), con sede en Francia.

A partir de estos relojes podemos tener la exactitud de la hora (a la milésima de segundo) a través de nuestros teléfonos marcando 113 y al instante tendremos la Hora Oficial Argentina que emite el Observatorio Naval Buenos Aires por telefonía, desde el año 1927.

En un futuro cercano, con la incorporación de nuevas tecnologías de la información y la comunicación, el Servicio Público de la Hora Oficial Argentina también será brindado a la ciudadanía por Internet con la precisión, la exactitud y la seguridad necesarias para su emisión.